martes, 23 de noviembre de 2010

Pedro Arguedas Ibáñez. Lecho


Lecho

Hablo y caen las plumas.
Sigo hablando. Guijarros en mi pecho.
Fui río entre las voluntades
fui el hijo enroscado en el aliento.
Desde las orillas la tierra me arrojaba sus nombres.
Yo los hacía míos en mis aguas ciegas
y dejaba que en mí copularan
pero ninguno me dio a luz.
Guijarros en mi pecho.
Dentro del pez de mi nombre errante en mí
pequeñas piedras chocando.
Al amanecer
la ablución de los sonidos dentro de las aguas mansas
tatuaba mis párpados
renovaba mis ojos
donde estaban las piernas
el corazón
y las entrañas humeantes del grito
río arriba
arriba de mí.

Hablo y caen las plumas
el viejo sonríe al ver llover
desglosa su lágrima la afila como un pico
la sube hasta la frente con las comisuras de sus labios.
Se va dormido del agua.
Se queda muerto en el sueño.
La escama de su lengua flota y la recoge un pájaro.

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