martes, 23 de noviembre de 2010

Antonio Justel Rodríguez. Irrupción del amor

Irrupción del amor


… voraz, veloz e inaprehensible viene y surge en luz y guerra
un pálpito de amor;
y así, ingente, sin aviso abre puertas, remueve, incendia y derriba entablamentos,
enloquece sangres y marcha cual dios que hubiese de crear un universo
sin divinas ciencias, sin faz ni magnitud;
¡ y ay, ay de mí las veces que lo oí…!
… y el pecho es ante él cebolla blanca, miel o cera, ámbar, pétalo,
y los ojos azafrán,
y el mar absolutamente sólo flanco abrasador sin piedad
ni ley;
por tanto, cuando de pronto se ausenta y queda el corazón entre sierpes y sombras,
harapos y cuchillos, y pregunta o maldice el por qué de las horas y las noches de plomo,
ah, entonces, vaciado el cuerpo, comido o dañado,
todo en él se torna voraz, veloz e incomprensible y es lóbrega guarida
de sierpes y de harapos, pedradas y cuchillos;
y ay de mí, las veces que hube de morir de frío por edades, eones y épocas,
ay, ay de mí;
... y miradme hoy,
mis iris son aún de mármol y canela.

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